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Si decides
prepararlos, es importante que cuando introduzcas alimentos nuevos,
los sirvas sin ningún otro ingrediente. No pongas grasa a la comida
de tu bebé, ni al guisarla, ni al servírsela. No agregues azúcar
ni sal. Si cocinas junto lo de toda la familia, separa un poco para
tu bebé antes de condimentar. No cocines en ollas de cobre ya que
se destruye la vitamina C. No cocines alimentos como el tomate en
aluminio pues pequeñas cantidades de este metal se pueden
desprender y absorber en la comida. No pongas a remojar toda la
noche legumbres secas, ni las dejes hervir mucho tiempo. Hiérvelas
rápidamente dos minuto, después déjalas reposar una hora y ponlas
a cocer en la misma agua. No uses bicarbonato pues aunque conserva
el color, acaba con las vitaminas y minerales. Prepara los vegetales
a vapor o en olla de presión, exponiéndolos lo menos posible a la
luz, el calor, el aire y el agua. Las papas hiérvelas o ásalas al
carbón con cáscara y pélalas después. Durante las primeras
semanas de alimentos sólidos o por lo menos hasta los seis meses,
tu bebé debe comer todo en puré y bien cernido. El plátano lo
puede comer machacado y adelgazado con algún líquido. Si quieres,
por comodidad puedes preparar diferentes verduras y congelarlas en
cubitos de hacer hielos cada uno en bolsitas de congelar
herméticamente cerradas. Para utilizarlas descongela en baño
María o en el horno de microondas, pero no a temperatura ambiente.
Alimentos
Comerciales
Alrededor de los años setenta fue cuando las mamás empezaron a dejar
de comprar alimentos preparados ya que varios estudios demostraron
que contenían elementos que los bebés no necesitaban e incluso los
dañaban como por ejemplo azúcar, sal, aditivos dudosos, etc. Por
esto existió presión hacia los fabricantes de parte de los
consumidores, de los médicos e incluso ellos por su propia imagen
decidieron mejorar sus productos. Así pues, hoy en día los alimentos
comerciales para niños no contienen por lo general sustancias
químicas y siguen ofreciendo gran comodidad para las mamás ya que
vienen listos para servirse en porciones calculadas para tu bebé y
con la textura y consistencia exactas que él va precisando. Además
los sobrantes los puedes refrigerar para usar después. Otra ventaja
es que como las frutas y vegetales se cuecen y se envasan poco
después de ser cosechados, retienen gran parte de sus propiedades.
Son relativamente económicos. Este tipo de alimentos son de gran
ayuda sobre todo durante los primeros meses de alimentación sólida.
En cuanto tu bebé pueda empezar a comer sus alimentos en trozos, en
hojuelas o comidas suaves del menú familiar puedes ir dejando a un
lado los alimentos comerciales. Sin embargo, siguen siendo de gran
utilidad cuando sales a comer fuera, o en caso de necesidad. Cuando
compres alimentos comerciales es muy importante que leas la etiqueta
ya que aún hay productos que contienen preservativos, azúcar, miel
de maíz y otras sustancias químicas. Algunos flanes y budines
contienen huevo; por lo que si tu pediatra aún no te lo ha
autorizado, debes prescindir de estos postres. Los alimentos
instantáneos o deshidratados son bastante cómodos por ser ligeros de
peso, pero algunos tienen aceites vegetales y su nivel
nutritivo es más bajo. Además el sabor es diferente que el de un
alimento fresco, lo cual posiblemente confunda las papilas
gustativas de tu bebé cuando él se siente a la mesa. Lo mejor es que
este tipo de alimento sólo lo utilices cuando vayas de paseo o viaje
y necesites comodidad. En la actualidad ya puedes encontrar, aunque
con un poco de dificultad y a un alto costo, alimentos orgánicos los
cuales ofrecen buena nutrición. Sin embargo, si no los consigues o
no puedes comprarlos, no te preocupes ya que las variedades
comerciales, están libres de los peligros conocidos y no ofrecen
ningún riesgo para tu bebé |