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Segunda Fase del Parto

 

 

Expulsión

La expulsión es la segunda fase del parto. La dilatación, durante la cual tú has experimentado las consecuencias físicas, concluye cuando el cuello del útero se ha abierto. Ahora durante la expulsión necesitas empujar al bebé a través del canal del parto. 

Tiempo

Este proceso puede durar entre media hora y una hora. Aunque también puede ocurrir en un lapso de 10 minutos o en dos, tres o más horas. Las contracciones en esta segunda fase son más regulares que las de la transición. Continúan durando entre 60 y 90 segundos pero a veces están más distanciadas. Por lo general se presentan cada dos a cinco minutos y pueden ser menos dolorosas aunque a veces son más intensas. Entre cada contracción lo ideal sería producir un periodo bien definido de reposo, aunque es un poco difícil reconocer el comienzo de cada nueva contracción. 

Síntomas

Durante esta etapa, seguramente sentirás gran necesidad de empujar. Es posible que hayas recobrado energía o que al contrario te sientas fatigada. También puedes experimentar presión rectal, contracciones muy visibles y el útero se endurecerá visiblemente en cada una de ellas. También puede suceder que tus pérdidas vaginales aumenten y que tengas una sensación de estiramiento, hormigueo quemazón o punzadas en la vagina cuando la cabeza del bebé corona y una sensación húmeda y resbaladiza cuando el bebé emerge. 

 

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Emocionalmente puedes sentirte mejor ante la posibilidad que ahora tienes de empujar, puedes sentirte feliz aunque también desconcertada si esta fase se prolonga mucho más de una hora. Generalmente en estos casos la ansiedad es porque el calvario termine más que por tener en brazos al bebé. Sin embargo, esto es muy natural y de ninguna manera refleja una incapacidad para el amor maternal. 

Durante Esta Etapa 

Lo que te aconsejamos hacer es adoptar una postura cómoda para empujar la cual también dependerá de las normas del hospital, del médico y de la cama que se utilice. Quizá la mejor postura resulta semisentada o en cuclillas ya que de esta forma se utiliza la fuerza de gravedad para acelerar el proceso y te proporciona mayor fuerza para empujar. 

Déjate Llevar

Es muy importante que te dejes llevar por tus impulsos naturales; es decir, si sientes necesidad de empujar y si el médico no te da una instrucción contraria, hazlo. Respira profundamente varias veces al iniciar cada contracción; cuando la contracción alcanza su máxima intensidad toma aire y retenlo; empuja con todas tus fuerzas hasta que ya no puedas contener más el aliento. Puede suceder que en cada contracción necesites empujar hasta cinco veces. Será necesario que te dejes llevar por esta necesidad, en lugar de intentar contener el aliento y empujar durante toda la contracción. 

El hecho de retener el aliento durante periodos de tiempo largo puede provocar agotamiento y privar a tu bebé de oxígeno. También puede aumentar el riesgo de romper vasos sanguíneos de los ojos y la cara. Si respiras hondo varias veces cuando la contracción disminuya, podrás recuperar el equilibrio respiratorio. Tu médico te ayudará a dirigir los esfuerzos y a reorientarlos en caso de que pierdas concentración.

Recuerda que es importante que empujes de manera eficaz ya que mientras más energía dediques a este esfuerzo, tu bebé podrá más rápido atravesar el canal del parto. Sin embargo, debes coordinar el ritmo con las indicaciones de tu médico o enfermera pues si empujas desorganizadamente sólo consumes energía sin adelantar. Mientras empujas, relaja todo tu cuerpo incluyendo los muslos y el perineo. 

Sigue las Instrucciones

Cuando el médico te pida que dejes de empujar como por ejemplo cuando la cabeza del bebé está asomando para evitar que salga demasiado rápido, lo más conveniente es que soples. Descansa entre las contracciones. De hecho, si tu médico nota que estás muy cansada, te pedirá que no empujes durante varias contracciones para que puedas acumular energía. Debes tomar en cuenta que el proceso del nacimiento se realiza con dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, es decir, es posible que se vea que corona la cabeza del bebé y luego desaparece otra vez. 

Es fundamental que no permitas que el sentirte inhibida o avergonzada ya que esto rompe el ritmo de tu esfuerzo. Como empujas con toda tu zona perineal, cualquier cosa que se encuentre en tu recto será expulsada también pero si intentas controlar la defecación al mismo tiempo que empujas, no conseguirás gran cosa. De hecho, en casi todos los partos de da una pequeña micción o una pequeña evacuación involuntaria la cual una enfermera limpia inmediatamente con gasas esterilizadas.

La Persona que te Acompaña 

Debe continuar ofreciéndote su apoyo sin sentirse ofendido si no le haces mucho caso. Tampoco debe sentirse intimidado por no tener la experiencia del equipo médico. La presencia de esta persona es muy importante ya que el hecho de murmurar "te quiero" en tu oído puede ayudarte más que cualquier otra cosa que los expertos puedan proporcionarte. Esta persona puede guiar tus esfuerzos de empujar y tus ejercicios de respiración utilizando las señales que aprendió durante las clases de preparación para el parto o de acuerdo a lo que la enfermera o el médico le indiquen. 

También puede ayudarte a relajarte entre las contracciones por medio de palabras que te tranquilicen, limpiando tu frente, nuca y hombros con una toalla húmeda fría. Si es posible puede darte un masaje en la espalda. De hecho, puede detener tu espalda mientras empujas; incluso, si es necesario puede tomar tu mano y si te resbalas será imprescindible ayudarte a regresar a la posición adecuada. Otra cosa que puede ir haciendo esta persona es decirte cómo van las cosas progresando, es decir, si ya el bebé está asomando, etc. Si el médico lo permite, puede darte trocitos de hielo para refrescar tu boca. Es posible que esta persona tenga la oportunidad de recibir al bebé en el momento que emerge o cortar el cordón umbilical lo cual es fácil.


 
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