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Hace
no mucho tiempo los enemas eran
indispensables y no había elección.
Eran administrados de manera rutinaria
al iniciar el parto como parte del
procedimiento de admisión en el
hospital. Esto era porque se decía y
aún se sostiene que el vaciar el
intestino antes del parto, previene la
compresión del canal del parto por la
materia fecal dura que se encuentra en
el recto lo que dificultaría el
descenso del bebé. Además al vaciar el
intestino se previene también la
contaminación de la zona estéril del
parto a causa de la evacuación
involuntaria durante la fase activa del
mismo. Asimismo, la mujer disminuye la
inhibición que pudiera experimentar en
el momento de empujar. Sin embargo, hay
quien sugiere que los mismos enemas
pueden aumentar el riesgo de infección.
Actualmente
Se
reconoce que la compresión del canal
del parto no será probablemente un
problema si se ha evacuado en las
últimas 24 horas o si no se percibe una
masa fecal dura en el recto durante el
examen interno. Y el uso durante el
parto de gasas estériles desechables
para limpiar toda la materia fecal
expulsada, elimina el peligro de
contaminación fecal. Incluso, de
acuerdo a ciertos estudios, la
posibilidad de una infección neonatal
producida por microorganismos
intestinales es altamente remota. Por
esto algunos hospitales han sustituido
el enema por un supositorio de glicerina
o similar.
Platica
con tu Médico
Si
el hospital que has elegido para el
nacimiento de tu bebé, aún practica el
enema y para ti resulta desagradable;
platica con tu médico para ver la
posibilidad de que el hospital tome otra
opción. Si por el contrario, tú
prefieres un enema a sentirte preocupada
por la posibilidad de evacuar en la mesa
de partos; pide que se te realice,
aunque debes saber que no garantiza
totalmente que no te suceda.
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